jueves, 7 de abril de 2011

Cada suspiro del reloj

Increíblemente maravillosa era la forma de mirar la ventana que significaba la libertad para aquel pajarillo.
¿Piedad? ¿Qué golpes de voz formaban tal palabra? ¿Debería tener piedad por él y liberarlo, dejándolo marchar a donde su voluntad lo arrastrase? 
Quizá me equivoque... 
Tengo la duda de qué libertad brindarle...
La muerte sería la puerta a los seguro, donde nada más corrompería su cantar ansiando batir las alas hasta que su pequeño y frágil corazón alcanzase a permitir. Por otro lado podría abrir la jaula y posteriormente la ventana para dejar que él mismo se diera cuenta de que era mejor morir, una vez que sus pupilas perdieran la ilusión por la vida en tan desolado pueblo donde cada noche, al dormir, puedes estremecer al sentir las sonrisas de la gente sin rostro. Podría también prolongar su condena hasta que su plumaje dejara de brillar con cada rayo de luz que entrara por su amada ventana. 
Quizá simplemente él está hecho para adornarme la vista, quizá soy una egoísta y debería dejarlo marchar, o quizá esto es solo una estúpida reflexión para intentar distraerme y no pensar en que tus labios ahora solo buscan su boca e intentan fundirse son ella para jamás separarse. 
Al parecer ese pajarillo y yo no somos tan diferentes. Yo también estoy atrapada dentro de una jaula. Esa jaula que se llama desamor, y en la que pienso quedarme hasta no brillar al igual que mi infeliz compañero. 
Amor, eres tú o no es NADIE.

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